3 nov 2011

Fotografiamos la vida para intentar detenerla, para que no se modifique. Tememos a las pérdidas, intentamos fijar la existencia de la misma forma que el fijador fija nuestras imágenes, sin saber que no se puede fijar, sin conocer que siempre se escapa. De hecho el transcurrir de la vida es en si misma una pérdida dónde cada día se esfuma algo en relación al día anterior, para empezar la propia vida. Por eso ese intento de congelarla es a menudo baldío.